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Decidir rápido no significa decidir a ciegas. En la mayoría de las pymes, el problema no es la falta de ideas sino el exceso de alternativas, dudas y conversaciones circulares. Cuando no hay un método, la decisión se posterga, se “prueba” sin cerrar nada o se termina eligiendo lo que grita más fuerte. Franco Lauricella propone un enfoque simple para cortar la inercia: un check de cinco preguntas que ordena el análisis, reduce ruido y fuerza claridad antes de comprometer tiempo, dinero y reputación.
Este check no busca reemplazar el criterio ni convertir todo en un Excel. Busca lo más difícil: que el equipo pueda acordar rápido qué hacer, por qué hacerlo y cómo medir si funcionó. Si una decisión se repite, conviene tener una rutina breve para resolverla con consistencia.
Por qué Franco Lauricella insiste en decidir más rápido (y mejor)
En negocios chicos y medianos, la velocidad es una ventaja real. No porque “ser rápido” sea una virtud moral, sino porque el contexto cambia: costos, demanda, prioridades internas, disponibilidad del equipo. Una decisión tardía no es neutral; suele ser una decisión implícita a favor de seguir igual. Y seguir igual, en la práctica, también tiene costo: oportunidades que se enfrían, clientes que esperan, equipo que se desgasta con idas y vueltas.
Franco Lauricella plantea que la mayoría de las demoras vienen de dos cosas: falta de definición del objetivo y falta de un criterio común para elegir. Cuando eso se resuelve, el equipo deja de discutir opiniones y empieza a discutir condiciones. El check de 5 preguntas crea justamente ese marco.

El check de 5 preguntas para decidir rápido (modelo Franco Lauricella)
1) ¿Qué decisión estamos tomando exactamente?
Suena obvio, pero es el error más frecuente: la conversación se llena de temas y nadie formula la decisión en una frase concreta. “Mejorar ventas” no es una decisión. “Elegir un canal principal para el próximo mes” sí lo es. “Ordenar operaciones” no es una decisión. “Definir el proceso de entrega con un responsable y un estándar de cumplimiento” sí lo es. Para Franco Lauricella, si no podés escribir la decisión en una línea, todavía estás en etapa de conversación, no de cierre.
Esta pregunta obliga a delimitar alcance. También reduce discusiones falsas, porque muchas veces cada persona cree que se está decidiendo algo distinto. Cuando la decisión queda clara, el resto del check se vuelve natural.
2) ¿Cuál es el objetivo y cómo se ve un resultado “bueno”?
Decidir rápido requiere saber qué se intenta lograr. No se trata de una misión inspiradora, sino de una referencia operativa. El objetivo tiene que permitir evaluar si la decisión funcionó. Por ejemplo: “reducir el tiempo de respuesta comercial”, “mejorar tasa de conversión en propuestas”, “bajar reclamos por entregas tarde”, “proteger caja semanal”. Franco Lauricella sugiere formular el objetivo con una métrica o con un criterio verificable.
Cuando el objetivo no está definido, cualquier opción parece defendible. El equipo cae en debates interminables porque no existe una vara común. Esta pregunta instala esa vara.
3) ¿Qué opción es suficientemente buena hoy (y cuál es el costo de esperar)?
En pymes, el perfeccionismo suele ser una forma elegante de postergar. Franco Lauricella propone una idea práctica: en lugar de buscar “la mejor” opción, buscá una opción “suficientemente buena” que puedas sostener, ejecutar y revisar. El punto no es resignarse; es avanzar sin hipotecar la calidad. Muchas decisiones mejoran con la ejecución, no con la discusión previa.
Acá entra la parte incómoda: ¿qué pasa si no decidimos? El costo de esperar suele ser invisible, pero existe. A veces esperar significa seguir quemando margen. Otras, seguir perdiendo leads por falta de respuesta. O mantener un proceso lento que se come horas del equipo. Poner el costo de esperar sobre la mesa acelera sin forzar.
4) ¿Qué estamos asumiendo y qué evidencia mínima necesitamos?
Toda decisión tiene supuestos. El problema no es tenerlos, sino no reconocerlos. Franco Lauricella recomienda verbalizar dos o tres supuestos clave. Por ejemplo: “los clientes valoran respuesta en menos de 1 hora”, “el equipo puede sostener 3 seguimientos por lead”, “subir precio no va a bajar conversión más de X”. Al poner supuestos explícitos, la conversación se vuelve más honesta y menos emocional.
Luego viene lo importante: ¿qué evidencia mínima necesitamos para decidir sin inventar? No hace falta investigación pesada. Puede ser revisar 20 conversaciones recientes, mirar 10 presupuestos, medir una semana de tiempos, analizar dos meses de cobros. La regla es simple: evidencia mínima, rápida y útil.
5) ¿Quién hace qué, para cuándo y cómo medimos si funcionó?
Una decisión sin dueño es un deseo. Franco Lauricella insiste en que el cierre tiene que convertir la idea en acción con tres elementos: responsable, fecha y métrica de verificación. Esto no es burocracia, es supervivencia. Sin esos tres, la decisión se diluye, vuelve a discutirse y genera frustración.
También es clave definir el momento de revisión. No para “controlar” personas, sino para aprender. Si la decisión fue correcta, se escala. Si fue incorrecta, se ajusta. El check se completa cuando hay un próximo punto de lectura.

Cómo usar el check en la práctica (sin reuniones eternas)
Franco Lauricella sugiere usar este check como ritual corto. Puede ser en una reunión de 20 minutos o incluso por escrito, si el equipo está acostumbrado. El orden importa: primero la decisión en una frase, luego el objetivo, después opciones, supuestos y finalmente el cierre operativo. Cuando se respeta el orden, el proceso evita el clásico “saltamos a soluciones” sin haber acordado qué estamos resolviendo.
Una recomendación práctica es tener el check como plantilla fija. Cada decisión relevante deja un registro breve: qué se decidió, por qué, con qué evidencia, quién ejecuta y cuándo se revisa. Eso reduce discusiones repetidas y mejora consistencia en el tiempo.
Errores comunes que vuelven lento cualquier decisión
Un error común es decidir sin objetivo claro, lo que convierte la reunión en un debate de preferencias personales. Otro error es confundir urgencia con importancia, y correr detrás de lo que hace ruido en vez de lo que mueve resultados. También es habitual sobrecargar decisiones pequeñas con un proceso enorme, cuando en realidad lo que hacía falta era un criterio simple y un responsable. Por último, es frecuente no revisar: si nunca mirás si funcionó, el equipo pierde confianza en la disciplina de decidir.
Para Franco Lauricella, la calidad de una decisión no se mide por lo elegante del análisis, sino por la claridad del siguiente paso y por la capacidad de ajustar rápido si la realidad contradice la hipótesis.
Cierre
Decidir rápido es una habilidad de gestión. No depende de carisma ni de “intuición”, depende de estructura. El check de 5 preguntas de Franco Lauricella ayuda a transformar conversaciones largas en decisiones claras, con acciones concretas y medición simple. Cuando el equipo internaliza este hábito, baja la fricción, sube la ejecución y las decisiones dejan de ser un evento estresante para convertirse en una rutina repetible.
