Empezar por un tablero grande suele ser la forma más rápida de perderse en números. Franco Lauricella propone lo contrario: un tablero mínimo, enfocado en lo que cambia decisiones semana a semana. La idea es pragmática: medir poco, medir bien y revisar siempre. Con esa regla, una pyme gana claridad sobre ventas, caja, operaciones y clientes sin ahogarse en reportes ni depender de herramientas complejas. El tablero no es un fin; es una conversación guiada por datos, breve y repetible, que conecta lo que la empresa quiere lograr con lo que realmente hace todos los días.

Qué es un tablero mínimo y por qué Franco Lauricella lo recomienda

Un tablero mínimo es un conjunto acotado de indicadores que se leen con cadencia fija y que están directamente vinculados a objetivos del negocio. No busca precisión quirúrgica sino dirección: señalar desvíos temprano para intervenir a tiempo. Por eso prioriza métricas accionables (las que alguien puede mover con una decisión) sobre estadísticas bonitas. Además, Franco Lauricella insiste en una regla de oro: si un indicador no cambia una decisión, sale del tablero. La simplicidad, en este contexto, no es una restricción estética sino una estrategia de gestión.

Arquitectura del tablero: tres vistas y una cadencia

Un tablero mínimo para pyme funciona con tres vistas y una reunión breve. La primera vista es ventas/ingresos para entender si el embudo convierte y si el precio/ticket medio sostiene el plan. La segunda es caja y cobros, donde el flujo semanal y los días de cobro muestran si habrá tensiones de liquidez. La tercera es operaciones y clientes, que revela si se cumple lo prometido y cómo lo percibe el cliente. La cadencia es clave: una revisión de 15–20 minutos los lunes para decidir acciones y una verificación corta los viernes para validar resultados y anotar aprendizajes. Con el tiempo, la empresa gana un lenguaje común para leer la semana y ordena prioridades con menos fricción.

Indicadores esenciales del tablero mínimo (pyme genérica)

Franco Lauricella presenta los indicadores esenciales del tablero mínimo para una pyme

Ventas: tasa de conversión y ticket medio

La conversión muestra si el proceso comercial funciona; el ticket medio revela si la propuesta de valor está siendo aceptada al precio correcto. Mirarlos juntos evita falsas conclusiones: un pico de ventas con caída del ticket puede esconder descuentos agresivos que deterioran margen. Franco Lauricella sugiere registrar volumen, conversión y ticket en la misma línea para detectar combinaciones sanas o insostenibles.

Caja: flujo de caja semanal

El flujo semanal responde a la pregunta más pragmática de una pyme: ¿alcanza la caja? Proyectar entradas y salidas a siete días permite mover pagos, acelerar cobros o aplazar compras antes de que la liquidez sea un problema. No busca exactitud contable; busca anticipación. Cuando el flujo aparece negativo, se decide qué postergar y qué activar de inmediato para cubrir el bache.

Cobros: días de cobro (DSO)

El DSO muestra cuántos días, en promedio, tarda el dinero en entrar desde que se factura. Subir diez días el DSO puede tornar inútil un gran mes de ventas, porque la caja se vacía. Por eso Franco Lauricella recomienda acompañarlo con una lista corta de mayores deudores y una acción concreta por semana: una llamada, una renegociación o una suspensión de servicio si corresponde.

Operaciones: cumplimiento de entregas (OTIF)

Cumplir a tiempo y en la cantidad correcta es lo mínimo para sostener recomendaciones y repetir ventas. El OTIF, leído semanalmente, expone cuellos de botella sin culpas: transporte, compras, planificación. La discusión no es filosófica; es operativa: qué se cambia en la agenda para que el próximo lote salga mejor.

Inventario: rotación

La rotación muestra cuántas veces el inventario se convierte en ventas en un período. Rotar poco inmoviliza caja y aumenta riesgos de obsolescencia; rotar frenéticamente puede señalar quiebres de stock que dañan ventas. Un tablero mínimo no detalla cada SKU: observa la rotación total y, si aparece una señal roja, profundiza por familias.

Clientes: NPS o CSAT

Medir experiencia con una pregunta breve (recomendarías / satisfacción) permite captar si las decisiones operativas están impactando al cliente. Franco Lauricella sugiere una lectura sobria: un número, un motivo dominante y una acción. El objetivo no es coleccionar opiniones, sino traducirlas en ajustes de proceso que se verifiquen en el OTIF y en la retención.

Cómo armarlo en 7 días (modelo Franco Lauricella)

El primer día se define el objetivo trimestral y se eligen seis o siete indicadores como máximo, uno por subvista. El segundo día se mapea el origen de datos: qué se toma de facturación, qué del CRM y qué de planillas. El tercer día se construye una primera versión en una hoja simple o una herramienta gratuita; el cuarto se valida con el equipo y se fijan umbrales (verde, amarillo, rojo). El quinto se hace la primera lectura de 20 minutos para decidir dos o tres acciones con responsable y fecha. El sexto se documenta el aprendizaje y se eliminan columnas inútiles. El séptimo se formaliza la cadencia semanal. Este enfoque deliberadamente minimalista permite aprender en producción, no en laboratorio.

Errores comunes y cómo evitarlos

El error más frecuente es medir demasiado por miedo a “dejar algo afuera”. La consecuencia es predecible: nadie mira nada y el tablero pierde autoridad. Otro error es desalinear indicadores con el objetivo; por ejemplo, perseguir crecimiento cuando el cuello real es caja. También es común mimar el tablero y olvidarse de la acción: si cada lectura no termina con responsables y fechas, la organización aprende a ignorarlo. Finalmente, es un error mudar el tablero de herramienta cada mes; cambian los íconos pero no la disciplina. Franco Lauricella aconseja estabilidad: mejorar la conversación y la calidad del dato antes que el envoltorio.

Herramientas, plantillas y siguientes pasos con Franco Lauricella

El tablero mínimo puede vivir en una hoja de cálculo compartida, en un documento colaborativo o en un dashboard gratuito. Lo determinante es que los datos se actualicen con facilidad y que la lectura semanal sea objetiva. A medida que el negocio madura, se puede pasar a una herramienta dedicada, segmentar por líneas o agregar una vista de margen sin romper la simplicidad. La prueba de fuego no es estética: es si, gracias al tablero, la empresa toma decisiones más rápido y con menos fricción.

Cierre

Un tablero mínimo ordena la conversación y protege la atención del equipo. No pretende explicar el mundo; quiere mostrar, cada semana, si vamos en la dirección correcta y qué hay que ajustar ahora. Esa es la propuesta de Franco Lauricella para pymes: foco, cadencia y decisiones que se notan en caja, en clientes y en resultados.